Yo no crecí entre libros viejos ni archivos de historiadores… crecí escuchando historias en voz baja: en el mercado, en el panteón, en el cerro y en los portales del pueblo. Ahí aprendí que Atlixco no solo se camina —se cuenta.
Aquí reúno las leyendas que han pasado de boca en boca por generaciones y que ahora me toca a mí escribir y compartir. No las cambio, solo las visto con mis ojos: los de un abogado que ama su tierra, cree en su gente y respeta lo que el tiempo no ha podido borrar.
Siéntate, mira y lee con calma. Las leyendas viven mientras alguien esté dispuesto a escucharlas.

